El teatro: la libertad en el encierro
Todo se apaga y la luna es la única que ilumina los pasillos de miles de habitaciones de 2 metros por uno y medio donde cada una está ocupada entre 3 a 4 personas, las cuales reposan en planchones de cemento.
El único sonido es el silencio sepulcral, un silencio que como dice Esperanza Bustamante, ex interna del Buen Pastor en Bogotá “es cuando cae la noche y se escucha llorar a las internas, cuando se escucha un grito de llanto, cuando hay desesperación humana, cuando la soledad nos abandona y nos acompaña porque nos arropa”.
Pero, lo que más resalta es el abandono por parte de la sociedad incluyendo la familia y los amigos, aunque ellas se ayudan unas con otras dentro del encierro. Después de un sorbo de tinto en la cafetería debajo de su apartamento dice:
”Muchos presentan sus caras así estén tristes y vueltos nada, sin embargo siguen sonriendo, nosotras las de teatro interno hicimos eso, llorábamos por dentro pero tratábamos de sonreírle a la sociedad para demostrarles que necesitábamos una oportunidad de vida”.


-Como el poema, Reír llorando, del gran Garrick:
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
Porque en los seres que el dolor devora
¡El alma llora cuando el rostro ríe!
La reconciliación y la resocialización a través del trabajo de la Fundación 'Teatro Interno´ dirigida por la actriz Johana Bahamón, idea que surgió cuando asistió como jurado a la fiesta de las Mercedes que hacen cada año en su calendario en honor a la virgen Mercedes, la patrona de los reclusos.
Esa oportunidad de vida fue por medio del teatro, aseguró Bustamante: “Mediante las obras de teatro y los papeles que nos daban a nosotras, ellos buscaron la situación que estábamos viviendo, los problemas que teníamos, nuestras experiencias, dentro de ese papel que nos daban podíamos sacar todo lo que teníamos, toda la rabia, los rencores, las alegrías y las tristezas”.
Esta obra que se realizó durante el 2014 se basó en 5 hijas que vivían bajo al encierro oprimidas por su madre “fue muy bonito porque muchas de nosotras pudimos decir nuestros dolores a través de la obra, exclamar las tristezas, derrumbarse como personas porque nos tocó el alma en muchos aspectos, porque si uno se deja llevar, se derrumba, donde todo el mundo lo abandona”.
Además, gracias a los extensos ensayos podían durar todo el día desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde, era un escape de todo.
Sentada en el escenario, sosteniendo una escoba y vestida de negro con un mantel blanco en la cintura, se encontró Esperanza Bustamante hace cuatro años en el Buen Pastor, cuando estaba en el escenario ubicado en el patio donde las internas aclamaban más teatro por medio de aplausos a 11 mujeres que la acompañaban en la obra ‘La casa de Bernarda alba’, su favorita, dirigida por la actriz Vicky Hernández. Ella quedó seleccionada entre 300 internas que participaron en el casting del papel protagónico, Poncia, el cual ganó.
“Fue un éxito total no solo porque salió en todos los medios y paradójicamente no fuimos famosas afuera sino adentro”, afirmó.
–¿Cómo fue su sensación de estar por primera vez en un escenario?. -Le pregunto.
–Pese a la espera, la incertidumbre, la ansiedad, los nervios del susto. La sorpresa fue cuando empezaron los aplausos, las risas, la tristeza del público, vimos que le estábamos transmitiendo lo que queríamos. -Señaló Esperanza.
En los 2 primeros años de esta fundación han tenido un impacto directo en más de 7.000 personas de toda la población civil y carcelaria de toda Colombia. Personas que como espectadores reciben estas obras con expectativa y con reconciliación al igual que las internas que llegaban a diferentes teatros de la ciudad, como el teatro del Gimnasio Moderno, el teatro del IMPEC, improvisaron un teatro en Corferias, y se presentaron en la cárcel de la Modelo en 3 o 4 ocasiones esposadas hasta llegar al camerino antes de empezar la función. Una experiencia maluca como lo dice Ingrid Bohne, una de sus compañeras del Buen Pastor:
”Yo no me sentía orgullosa de llevar unos ganchos, unas esposas. Nos sacaban esposadas hasta cuando llegábamos a los vestidores, porque todo el mundo se quedaba mirándonos como ¡uy! las malas ¿que hicieron?, eso es una experiencia muy maluca de estar en la calle esposado, pero con miedo y susto les enseñamos a la población civil que nosotras no somos malas personas”, recordó.
Un sentimiento mutuo presenció en ese momento Esperanza:
-¿Cómo fue esa experiencia?
-Fue una experiencia muy dura porque llegamos allá y estaban los niños. Cuando llega un carro azul lleno de internas, de delincuentes, y esposadas, los niños nos miraban asustados, abrían sus ojos y decían “¿y esto que fue?, miren a está, miren aquella”.
“Entonces vernos esposadas con grillete era duro, porque uno nunca quiere que un niño lo vea a uno así. Después de que se abrió el telón y presentas tu obra de teatro y suena los aplausos dices ¿Dios mío qué está pasando?, los profesores nos sacaron lo que muchas de nosotras teníamos oculto, sacar actrices de una parte donde nadie las iba a buscar, y crear unos monstruos de la actuación, eso fue muy bello, eso fue gratificante, realmente muy hermoso”, complementó.
Como docente teatral, Luz Adriana Gutiérrez, menciona que de alguna forma cualquier tipo de arte sí genera un cambio en ellas tanto de su pensamiento positivo, su energía y su disposición. Ella dictaba la clase de voz y texto con un grupo de mujeres diverso en edades, en delitos y en experiencias, las cuales encontraban en el teatro una alternativa para alejarse de su entorno.
Además, explicó como los ejercicios teatrales como ‘la lleva’ en menos de 3 minutos se puede generar un acercamiento y una comunicación, “yo dicte la clase de voz y texto, una clase donde se manejan las emociones y el contacto con las personas, a eliminar obstáculos de pensamiento y a través de la clase se hicieron varios ejercicios teatrales como ‘la lleva’ creo yo les dejaron una semilla, para que se liberaran de cosas y de pensamientos”.
Sin embargo, los obstáculos más difíciles según mencionan estas dos ex internas, los docentes y la directora Johana Bahamón de la Fundación 'Teatro Interno', fue la falta de apoyo por parte de algunas dragoneantes de la reclusión quienes además de no dejarlas ensayar les hacían la vida imposible y las maltrataban.


-A nosotras nos señalaban y criticaban mucho por los problemas que tenían Johana Bahamón con las dragoneantes, entonces a veces no nos dejaban salir a ensayar o a presentar las obras, era una desilusión cuando no habían carros para una presentación o que no había guardia para la vigilancia de nosotras en los ensayos, porque la ilusión de nosotras era salir, era vivir otro momento, pero fue una experiencia que nos ayudó a crecer como personas. -Menciona Ingrid Bohne.
Además Esperanza afirma que también recibían maltratos físicos como verbales “nos querían siempre ahogar, nos decían las actricitas”.
Precisamente, se pueden encontrar en varias entrevistas y artículos de los medios de comunicación este caso en donde Johana Bahamón explica el problema con la dragoneante del Buen Pastor en el 2012, el cual ocurrió porque de alguna manera le interrumpían los ensayos de las clases de teatro y hasta hubo denuncias por parte de ambas, ya que presuntamente hubo maltrato físico.
No obstante, el teatro le dejó a Esperanza como enseñanza la libertad desde el momento de la formación y la puesta en escena, el teatro como el medio que rompió la cotidianidad dentro de la cárcel después de ser condenada a 9 años de prisión por estafa sin ningún beneficio, donde sus actividades consistían en ser profesora de biología y realizar tarjetas en foammy, gracias a estas actividades y oportunidades las cuales redujeron su pena y la ayudaron sostenerse económicamente dentro de la cárcel mientras su mamá de 87 años la visitaba cada mes.
Así mismo, en el patio Mercedes Guerrero visitaba a su hija, Nubia Betancourt, cada ocho días para ayudarle a vender en el barrio. Todos los días de 6 de la mañana hasta las 9 de la noche tejer mochilas Wayuú se convirtio en otro tipo de arte, que liberó a Nubia del silencio y del tiempo que pasaba dentro de la cárcel, además de darle un aporte económicamente a ella y su familia.
-¿Cuénteme acerca de esa experiencia?
-Fue una experiencia muy bonita, a toda la familia le tengo varias mochilas, porque intentamos con varias cosas como los collares, las bufandas y no dio, la primera mochila que hizo, la rifó, y la gente se emocionaba porque era muy útil, les gustaba y más porque es muy perfeccionista, por lo cual después nos hacían muchos pedidos y tocó pagarle a las compañeras de Nubia para que nos ayudarán, cuenta su madre.
-¿Y en cuánto vendía estás mochilas?
-Las grandes costaban $150.000, las medianas $70.000 o $80.000 e hizo mochilas para niña y para celulares, se inventaba cosas novedosas y nos motivó mucho porque con eso que vendía fue que yo logre sostenerla y nos fue mejorando la situación y con eso le compraba el material y se lo llevaba cada ocho días cuando recogía las mochilas que me tenía.
Mientras estaba en la cárcel, pasaba el tiempo y además de tejer, leía en dos o tres días un libro completo, pero lo único que esperaba escuchar en la radio era la canción “Ella” del grupo bebé, la cual la ha acompañado toda su vida en especial en sus momentos críticos. Por su lado, Esperanza desde otra celda esperaba escuchar “brindis” de Thalia, canciones las cuales representan la fuerza de la mujer.
En el caso de Nubia Betancourt, el teatro le llegó hace casi dos años, recién que salió de la cárcel el Buen Pastor donde duró 3 años. Lugar en el cual era espectadora del teatro que realizaban sus compañeras, entre ellas Esperanza, con la dirección de los docentes de la Fundación teatro interno.
En cada visita que recibía Nubia nunca se olvidaba de Ingrid Bonne, quien inició los días en el Buen Pastor con ella, y le compartía sus cosas.
“Es una persona dedicada y preocupada por sus compañeras, ella le ayuda a uno sin esperar nada a cambio”. Con risas Ingrid recuerda también los ensayos con Esperanza. “Es una gran persona, es muy echada pa delante, tuvo mucho que ver con la reclusión y puso mucho esmero, empeño y dedicación a la obra de teatro”, señaló.
Nubia, vestida de blanco con una tela hindú, su pelo suelto y con un micrófono de diadema, produce un leguaje no sólo verbal sino corporal donde refleja claramente diversos conflictos desarrollados desde sus experiencias relatadas detrás y delante de dos ventanas, para ella y su compañera en el escenario.
“Como espectador el teatro te genera emociones y sentimientos, pero cuando tú ya haces parte del teatro creo que es un descubrimiento interno, es parar a enfrentar tus limitaciones, tu autoestima, tus miedos y tus habilidades, es como algo terapéutico”, manifestó.
Asimismo, el teatro les brinda seguridad y confianza en sus capacidades, donde permite una reconciliación con la sociedad y con uno mismo, permite convertir errores en oportunidades y dignifica. Respeto, confianza e identidad a través del teatro es el proyecto dirigido por Libardo Mejía, docente de Nubia en la Fundación 'Teatro Interno' donde la reflexión es el cómo ofrecer y recibir no solo una sino varias oportunidades.
Libardo Mejía, trabajó sus clases desde la formación y fortalecimiento del ser humano partiendo de sus experiencias de una manera estética en el videoclip titulado ‘Las Segundas Oportunidades’.
Dentro de un proceso de 12 pospenadas quedaron dos, entre ellas Nubia, que de acuerdo con Libardo, “es una mujer incrédula, escéptica, inquieta, inteligente y terca que con el paso del taller ella se dio cuenta que había una convergencia en el pensamiento y claro que cambió su manera de pensar por medio de lo que hacíamos en las clases, le apasionaba el teatro ya que estaba atenta a cualquier obra y va a ellas constantemente”.


También menciona que por medio del teatro se puede potencializar herramientas para ser utilizadas a nivel social.
“Las segundas oportunidades van no para quienes las dan sino para quienes las reciben, hay muchas oportunidades que se les da a alguien y no las aprovecha, entonces hay que entender cuál es el camino que quieren escoger, no hay una sino miles de oportunidades donde uno tiene que ser selectivo y decir está es la que quiero o decir yo no quiero ninguna oportunidad, de lo que he visto en mi experiencia como profesor”, agregó.
Pero, no se puede dejar atrás la versatilidad de Nubia para realizar varios roles como Johnny Depp, un actor que admira mucho, otro personaje que admira es a Alejandra Borrero por su rebeldía y fuerza en sus propuestas teatrales.
¿Pero quienes son Nubia y Esperanza antes y después del teatro?
Nubia sale de trabajar de una ferretería de Unicentro al medio día, nos encontramos y se toma un café a causa de la lluvia, durante la entrevista me dice que quiere estudiar derecho laboral y alternarlo con el teatro al igual que Esperanza quien su enfoque es defender a las personas por medio del derecho penal.
“En este año y medio trato de arreglar las cosas o de aprovechar el tiempo con mi familia y valorar eso, ya que antes en la adolescencia crees coger el mundo con ambas manos y ver que no es así”, señala Nubia.
Por otro lado, Esperanza era una mujer que lo tenía todo.
-Y pregunto, ¿Quien era Esperanza?
-Esperanza tenía amistades y se creía vulgarmente del putas, pero nunca pisotee a nadie, deje a mi familia por encerrarme a hacer más plata. Y me sirvió haber perdido todo porque aprendí otra forma de vivir, ahora Esperanza es reestructurada porque es una forma de lucha, es muy difícil quedarte a los 54 años sin nada y volver a empezar, pero tengo más ganas de vivir y más metas, de cada cosa saque lo bueno.
Actualmente Esperanza, una mujer de contextura gruesa con una voz empoderada de su vida, cosecha semillas no solo para terminar un libro que habla de su vida, sino en crear una fundación llamada ‘Manos libres’, en la cual también el teatro estará dirigido a los jóvenes, una idea que surgió al estar interna y que a dos meses de quedar en libertad desea realizar, una mujer que tuvo varias facetas en su vida, que pasó de ser administradora de empresas, a profesora, a actriz, a escritora, y a conferencista y quien se encuentra en Youtube por participar en Tedx en el 2015, un evento donde asisten pensadores y emprendedores invitados a compartir sus experiencias.
“Creen que porque están allá adentro no son de la sociedad pero sí hacen parte, no ve que algún día van a salir y si no abren los corazones como lo abrió Johanna, sino lo abren para que nosotras podamos ser otras personas útiles a la sociedad esto va a seguir siendo igual. Las internas no solamente somos las personas que cometimos un error y que la sociedad debe castigar, ante todo es demostrar que existe la posibilidad de una resocialización y a través del teatro es lo que estamos demostrando que somos seres humanos y que hacemos parte de una sociedad, así estemos excluidas en estos momentos”, expreso.
El teatro es un ejemplo de superación en el cual pueden socializarse. Donde se transforman las cárceles en centros productivos y a los internos en actores, emprendedores y personas proactivas. El teatro es la libertad del espíritu que no conoce barrotes, el cual no ofrece una sino miles de oportunidades para estas internas que son personas que cometieron errores como cualquier ser humano, pero son personas que como dice Libardo y Esperanza ya pagaron y las oportunidades son para quienes desean reconciliación y resocialización no solo de los presos en las cárceles sino en los presos en la vida.
En Colombia están recluidas 250 personas por cada 100.000 habitantes, es decir un total de 120.000 personas durante el 2015, de los cuales el 10% son mujeres. Pero, lo más cercanos que estamos de esta realidad es lo que escuchamos en las noticias sobre las condenas y los problemas de hacinamiento de los internos.
Sin embargo, no se habla mucho de las diferentes actividades de resocialización dentro y fuera de las cárceles. Por eso, la Fundación 'Teatro Interno' menciona que son un camino a la reconciliación y resocialización gracias a su programa principal, el teatro, donde trabajan con hombres y mujeres internos que transformaron su vida y lo transmitieron a miles de personas. Este es el caso de dos ex internas del Buen Pastor, Esperanza Bustamante y Nubia Betancourt.
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